Eran muchos los instantes que se fundía el azul del alma con el blanco de la luna... ya no había protocolos ni distancias... sólo había sentires.
Un azul que se disfrazaba de arco iris para despistar a los duendes que algunas veces querían dañar la complicidad del momento... pero al fin y al cabo, tan eternos, tan buenos amantes, tan amigos del alma, tan presentes aunque parecieran ausentes.
Era la historia de la Luna y ese azul que muchos veían pero pocos valoraban... un azul que tiñe los sueños... una tonalidad que sólo se puede sentir en la piel del alma, que únicamente se observa con los ojos del espíritu y que permanece inmortal ante los convencionalismos terrenales.
Una Luna que jugaba a tener apariencia física, pero cuya magia estaba en su infinito misterio. Un ser que más que vida tenía existencia... una Luna que le entregó su corazón a un azul prestado, segura de que no habría situaciones que le mataran su amor ideal, ese que le movía su menguante para que volviera a llenar su corazón de un blanco que pocos entendían...
Un Azul y una Luna, una historia secreta, un amor que nunca desapareció porque al fin y al cabo, aunque no la veamos, la Luna siempre está, arriba, mirando cómo su azul de vez en cuando se hace suyo.
Un beso de luna para el azul gaseoso del alma.
Ninguis
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