
Y allí permanecía mientras todos querían buscar lo que no se les ha perdido. Una historia de miles de años, una casa soñada desde antes de que la memoria comenzara a recordar, unas habitaciones cómplices de fantasías pintadas con piel, con sensaciones y sentires.
Neptuno, un planeta, una historia, muchas vidas, ningún mortal. Un lugar donde solo viven los azules gaseosos del alma.
Sus lunas, sus anillos, sus esencias, sus susurros, de vez en cuando se muestran a los de acá... pero al fin y al cabo, tan privado que hasta la mitología se ha reservado el derecho de admisión, porque para llegar a vivir allí hay que tener alma de cosmos, estrellas en el corazón, pasión en las costuras de la piel y unas ganas infinitas por ser feliz.
Ninguis
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