13 de marzo de 2009
Un silencio
Por lo que nunca han dicho pero que siempre ha estado allí. Por lo que les da miedo reconocer pero que sigue ahí... que no se borra, que permanece por encima de cualquier paraiso.
Un abrazo de oso observador, Ninguis.
12 de marzo de 2009
Andando en círculos...
Un buen día… porque de malo no tenía ni un segundo, el mundo decidió detenerse a pensar en sí mismo y descubrió que llevaba años y años dando vueltas en un mismo punto, se sintió mareado, aburrido y con ganas de llorar.
Es más, lloró tanto que desde ese entonces no han vuelto a ver por los lados de la tierra a la famosa Atlántida…
En fin, el caso es que el pobre mundo decidió mirar en su interior para descubrir cómo salirse de tales esquemas y fue mayor su sorpresa cuando observó que en su corazón había fuego… era calientito, parecía un sol.
Fue en ese instante que milagrosamente el mapamundi descubrió que dar vueltas era a veces una manera increible de ejercitar su corazón para que no perdiera su calorcito…que el secreto estaba en, de vez en cuando, sentarse a descansar.
Un abracito de Luna, Ninguis.
ESLABÓN PERDIDO
Un día decidió volverse importante...
Aprender de todo...
Inventarse lo que no supiera...
Ser la última palabra en todas las decisiones...
Los demás lo miraban y se sorprendían al ver su imagen...
se parecía cada vez más a un hombre:
ya caminaba erguido y se violentaba cuando no le obedecían...
Los otros micos comprendieron de dónde había salido la teoría milenaria en la que un humano concluyó que el hombre descendía del mono.
Se decían unos a otros que seguro que el histórico antropólogo o filósofo o lo que fuera, debió ser un simio que sufría la trágica enfermedad de la esquizofrenia.
Un abrazo desde los orígenes, Ninguis.
UN GENIO CON SIETE VIDAS
Intentaba un día el gato explicarse por qué los hombres, al verlo, salían corriendo o se daban la bendición.
Recordó la historia de su tatarabuelo, a quien, en su octava vida, le tocó pintarse de blanco para que dejaran de decirle que los gatos negros traían mala suerte. Lo más gracioso fue que desde que se volvió blanco todos lo veían, y justo después de hacerlo, algún objeto los golpeaba desde el cielo.
Benjamín concluyó que la mala suerte de los humanos consiste en ser tan torpes y dejar de mirar el camino por preocuparse por el color de los gatos.
Un abracito felino, Ninguis.
NATURALEZA INTERNA
Cierto día, uno de esos en los que así haga sol uno no lo ve, salí de paseo por una enorme pradera que hay en un rincón de mi alma y a la que, desde hace varios años, le había sembrado semillas de flores exóticas…
No sé por qué había presentido que en esa salida tendría un encuentro – quizás del tercer tipo, eso no lo sabe nadie -.
Luego de varios kilómetros de recorrido, me senté en un tronquito que tengo allí para hacer una parada obligatoria de descanso…
Estaba en silencio, porque las palabras me faltaban para consolarme o alegrarme, y un extraño ser me susurró al oído algo como “grunchim”.
Me asusté y miré para descubrir que había algo, un tanto peludito y otro poco suavecito, que me miraba con unos enormes ojos negros… brillantes… eternamente conversadores.
Era mi viejo amigo Dulf, ese que me pidió permiso un día para vivir en mi pradera y así poder encontrarse conmigo en los días que no pudiera ver el sol.
Le di un abrazo, aunque la verdad era tan pequeño que lo abracé con mi pulgar y el índice de la mano derecha.
No dije nada - al fin y al cabo no estaba hablando desde hacía rato – pero él se subió a mi mano, me pidió que lo pusiera frente a mi rostro… al hacerlo se quedó mirándome fijamente a los ojos, me pidió que los cerrara, los sopló suavemente y me dijo que no importaba que afuera estuviera a veces oscuro, porque ahora mi alma estaba brillante como para ver cualquier luz que saliera de alguna parte…
Sentía que él ya no estaba en mi mano.
Salió una lágrima de cada uno de mis ojos y, cuando los abrí, pude descubrir que ese día si había sol.
Un abrazo de duende, Ninguis.
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