Hace poco vengo sufriendo de la grave enfermedad del papel en blanco, trastorno que sufren los escritores cuando las palabras se han ido de vacaciones para tratar de broncearse y traer renovada la voz.
Pero, juro, si no se convierte en un sacrilegio, que pronto regresarán para adornar un poco las tardes de un buen café y algunos pensamientos casuales.
Un beso blanco de luna,
Ninguis.
25 de septiembre de 2007
15 de septiembre de 2007
ESOS DÍAS DE LA LUNA
Cuando acababa de sentarse a mirar el Planeta, vio a muchos en ventanas y balcones observándola con aparatos extraños.
Escuchó que hablaban de un fenómeno hermoso, del rostro que se veía en su centro, que los cráteres la hacían parecer a un enorme trozo redondo de queso, que su luz y su reflejo no eran comparables con ninguno.
Asustada y confundida, miró tras ella para ver a qué se referían, pero detrás no había nada: ni destellos, ni pedazos de queso, ni rostros, ni nada...
¿Sería que veían visiones?, ¿Tendría que revisarse los ojos por no poder admirar lo que otros tenían frente a ellos?
Después de varios días de observación y melancolía - y luego de creer que su depresión se debía a que atravesaba por esa fecha mensual en la que todo la hacía más susceptible y se tornaba redonda e hinchada -, descubrió que para el Planeta, cada mes, esos días de la Luna son su mayor realización y que lo triste, para ella, es no poder verse porque no tiene un espejo de su tamaño ubicado justo donde está la tierra.
Un abrazo lleno de amor y de amistad,
Ninguis
8 de septiembre de 2007
MITOLOGÍA DEL OLVIDO
Se habían ido las palabras. Se marcharon quizás porque se cansaron de tanto repetirse... y al fin y al cabo el cuerpo necesita descansar de vez en cuando. Con su partida se necesitaron los gestos, y éstos, quienes habían vivido esa historia hace muchos años y de los que su partida ya casi pasaba inadvertida, vinieron complacidos.
Al llegar, se atemorizaron, nadie sabía cómo usarlos, nadie los sabía interpretar... la memoria no tenía grabados sus códigos y les tocó quedarse callados.
Pasaban los años y todo iba quedando en un silencio aterrador, la memoria seguía perdiendo la capacidad de vivir, los gestos ya no querían permanecer más en el lugar, las palabras ya pertenecían a otro mundo.
Y no había más que llamar a los astros, recurrir a las leyendas, inventarse nuevos mundos, interpretar nuevas teorías, tratar de descubrir qué estaba, qué venía, qué seguía...
Y así todos se asombraron de nuevo con la gigante bola de fuego que había en el cielo, se asustaban al ver que arriba, el techo tenía agujeros por los que pasaba una luz del exterior, quién sabe qué reflector había afuera que dejaba pasar por diminutos huequitos destellos de luces y que brillaban intermitentemente.
Cuando llovía asumían que había alguien lavando arriba y que, por estar lleno de huecos el techo, entonces se filtraba el agua. Cuando el día era muy caliente se llenaban de pánico y pensaban que esa inmensa bola amarilla estaba muy cerca entonces corrían a resguardarse en alguna casa y ese día no se trabajaba esperando que se cayera desde arriba el terrible y raro astro.
Cuando podían ver la luna y estaba llena, decían que había un enorme trozo de papel blanco iluminado por la luz del de arriba y que por eso daba destellos plateados. Y cuando la veían sólo en trozos, entonces era peor porque asumían que habían cambiado el trozo de papel o que habían perdido capacidades de visión y corrían donde el oftalmólogo.
Se asombraban al ver a los animales y se preguntaban de dónde vendrían y a qué. Era tanto su asombro que ni se les acercaban por temor a no entender sus palabras - hacía mucho tiempo que ellos ya no hablaban y tenían pena de no ser capaces de entenderlos-.
A los lagos, a los ríos y al mar le temían por las epidemias que podría dar esa agua estancada y protestaban por no tener buena capacidad de desagües... Culpaban al de arriba por no haber construido bien al mundo...
Y así con el paso de los años, fueron naciendo cada vez más ignorantes... El mundo se fue volviendo más loco, crecieron más intrépidos, más sabiondos o inventores que construyeron peores teorías, y el planeta enloqueció del todo, dejó de tener forma, de tener sentido, de poseer sabiduría y se quedó con teorías.
Y fue así como la mitología se quedó con el de arriba donde viven las palabras y los gestos... y los demás nos quedamos acá abajo unos inventando más y otros tratando de descifrar para donde se fue la verdad... para dónde se llevaron al de arriba y qué pasó con la gestualidad de la tierra cuando permite que el sol, la luna y ella se vuelvan solo uno.
Y aquí queda inscrita la mitología del olvido y la cadena interminable de un pueblo que olvidó su historia por querer quedarse con las teorías.
Ninguis
1 de septiembre de 2007
¿POR QUÉ A MÍ?
Cuántas veces nos miramos en el espejo y sentimos esa tristeza profunda y ese dolor en el pecho que suelen acompañar esta pregunta interminable que ronda nuestros pensamientos día y noche cada que algo nos ocurre: “¿por qué a mí?”; cuántas negativas nos reforzamos inconscientemente cuando decimos donde quiera que vamos: es que yo sí soy muy de malas, es que no es nada raro que a mí me pase todo lo malo, es que lo único que me falta es que mi marido tenga otra, es que definitivamente, al caído, caedle; y así se nos pasan los minutos del día, programando nuestra existencia para que se convierta en un suplicio interminable.
Por lo general, según la naturaleza de lo obvio, nuestros pies caminarán según el sentido a donde los dirijamos… pero sobre todo, andarán de acuerdo con el impulso y la dirección hacia donde los guiemos… entonces, por qué tanta extrañeza cuando desde que nos levantamos los programamos para que busquen el charco para caernos, la cáscara para resbalarnos, el muro para tropezar.
Es lógico, si desde antes de levantarnos pensamos que seguro hoy nos caeremos… de tanto estar pendientes de la piedra y el obstáculo, nos distraeremos de lo que nos ocupa y terminaremos en el suelo, con alguno que otro moretón.
Alguna vez hemos escuchado esa frase que recita que las cosas se verán según con el cristal con el que se les mire, pues bien, así funciona la vida… lo más lógico sería quitarse esos lentes oscuros que tornan gris la existencia.
Por ejemplo, cuando se tiene una pareja estable, un cómplice de sueños y de vida… somos felices… no nos cambiamos por nadie, pero no faltará quien nos afirme que no nos alegremos tanto que de eso tan bueno no dan tanto y que cuando se termine la época de enamoramiento veremos la realidad. Al fin y al cabo cada uno ve las circunstancias de acuerdo con su realidad… pero a eso voy, la realidad de otros no es la nuestra.
Habitualmente, cuando conocemos a un buen compañero de viaje tendemos a pensar en el momento en que se irá, en que nos será infiel o lo que ocurrirá cuando nos trate injustamente y, casi siempre, es tanta nuestra capacidad de sugestión que nos imaginamos la situación tal cual ocurrirá… paradójicamente estamos pintando el futuro… lo estamos escribiendo con cada uno de nuestros pensamientos.
Nos encanta ser víctimas de las circunstancias, desconociendo que somos los creadores de las mismas.
Nos entristecemos porque las personas no nos tienen en cuenta para sus planes pero olvidamos que por lo general cada que ellos tienen alguna buena idea nos hemos encargado de minimizarla o de atacarla, no recordamos la cantidad de veces que hemos criticado en lugar de felicitar, que hemos envidiado en vez de compartir; se nos olvida que somos los artífices de nuestra realidad y que nada ni nadie interfiere tanto en ella si no lo permitimos.
La vida es sólo un segmento de lo que podemos ver en ella, el secreto está en no limitar las posibilidades a la escasa fe que tenemos en nosotros mismos.
Ninguis
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