1 de septiembre de 2007

¿POR QUÉ A MÍ?

Cuántas veces nos miramos en el espejo y sentimos esa tristeza profunda y ese dolor en el pecho que suelen acompañar esta pregunta interminable que ronda nuestros pensamientos día y noche cada que algo nos ocurre: “¿por qué a mí?”; cuántas negativas nos reforzamos inconscientemente cuando decimos donde quiera que vamos: es que yo sí soy muy de malas, es que no es nada raro que a mí me pase todo lo malo, es que lo único que me falta es que mi marido tenga otra, es que definitivamente, al caído, caedle; y así se nos pasan los minutos del día, programando nuestra existencia para que se convierta en un suplicio interminable.
Por lo general, según la naturaleza de lo obvio, nuestros pies caminarán según el sentido a donde los dirijamos… pero sobre todo, andarán de acuerdo con el impulso y la dirección hacia donde los guiemos… entonces, por qué tanta extrañeza cuando desde que nos levantamos los programamos para que busquen el charco para caernos, la cáscara para resbalarnos, el muro para tropezar.
Es lógico, si desde antes de levantarnos pensamos que seguro hoy nos caeremos… de tanto estar pendientes de la piedra y el obstáculo, nos distraeremos de lo que nos ocupa y terminaremos en el suelo, con alguno que otro moretón.
Alguna vez hemos escuchado esa frase que recita que las cosas se verán según con el cristal con el que se les mire, pues bien, así funciona la vida… lo más lógico sería quitarse esos lentes oscuros que tornan gris la existencia.
Por ejemplo, cuando se tiene una pareja estable, un cómplice de sueños y de vida… somos felices… no nos cambiamos por nadie, pero no faltará quien nos afirme que no nos alegremos tanto que de eso tan bueno no dan tanto y que cuando se termine la época de enamoramiento veremos la realidad. Al fin y al cabo cada uno ve las circunstancias de acuerdo con su realidad… pero a eso voy, la realidad de otros no es la nuestra.
Habitualmente, cuando conocemos a un buen compañero de viaje tendemos a pensar en el momento en que se irá, en que nos será infiel o lo que ocurrirá cuando nos trate injustamente y, casi siempre, es tanta nuestra capacidad de sugestión que nos imaginamos la situación tal cual ocurrirá… paradójicamente estamos pintando el futuro… lo estamos escribiendo con cada uno de nuestros pensamientos.
Nos encanta ser víctimas de las circunstancias, desconociendo que somos los creadores de las mismas.
Nos entristecemos porque las personas no nos tienen en cuenta para sus planes pero olvidamos que por lo general cada que ellos tienen alguna buena idea nos hemos encargado de minimizarla o de atacarla, no recordamos la cantidad de veces que hemos criticado en lugar de felicitar, que hemos envidiado en vez de compartir; se nos olvida que somos los artífices de nuestra realidad y que nada ni nadie interfiere tanto en ella si no lo permitimos.
La vida es sólo un segmento de lo que podemos ver en ella, el secreto está en no limitar las posibilidades a la escasa fe que tenemos en nosotros mismos.
Ninguis

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