Se habían ido las palabras. Se marcharon quizás porque se cansaron de tanto repetirse... y al fin y al cabo el cuerpo necesita descansar de vez en cuando. Con su partida se necesitaron los gestos, y éstos, quienes habían vivido esa historia hace muchos años y de los que su partida ya casi pasaba inadvertida, vinieron complacidos.
Al llegar, se atemorizaron, nadie sabía cómo usarlos, nadie los sabía interpretar... la memoria no tenía grabados sus códigos y les tocó quedarse callados.
Pasaban los años y todo iba quedando en un silencio aterrador, la memoria seguía perdiendo la capacidad de vivir, los gestos ya no querían permanecer más en el lugar, las palabras ya pertenecían a otro mundo.
Y no había más que llamar a los astros, recurrir a las leyendas, inventarse nuevos mundos, interpretar nuevas teorías, tratar de descubrir qué estaba, qué venía, qué seguía...
Y así todos se asombraron de nuevo con la gigante bola de fuego que había en el cielo, se asustaban al ver que arriba, el techo tenía agujeros por los que pasaba una luz del exterior, quién sabe qué reflector había afuera que dejaba pasar por diminutos huequitos destellos de luces y que brillaban intermitentemente.
Cuando llovía asumían que había alguien lavando arriba y que, por estar lleno de huecos el techo, entonces se filtraba el agua. Cuando el día era muy caliente se llenaban de pánico y pensaban que esa inmensa bola amarilla estaba muy cerca entonces corrían a resguardarse en alguna casa y ese día no se trabajaba esperando que se cayera desde arriba el terrible y raro astro.
Cuando podían ver la luna y estaba llena, decían que había un enorme trozo de papel blanco iluminado por la luz del de arriba y que por eso daba destellos plateados. Y cuando la veían sólo en trozos, entonces era peor porque asumían que habían cambiado el trozo de papel o que habían perdido capacidades de visión y corrían donde el oftalmólogo.
Se asombraban al ver a los animales y se preguntaban de dónde vendrían y a qué. Era tanto su asombro que ni se les acercaban por temor a no entender sus palabras - hacía mucho tiempo que ellos ya no hablaban y tenían pena de no ser capaces de entenderlos-.
A los lagos, a los ríos y al mar le temían por las epidemias que podría dar esa agua estancada y protestaban por no tener buena capacidad de desagües... Culpaban al de arriba por no haber construido bien al mundo...
Y así con el paso de los años, fueron naciendo cada vez más ignorantes... El mundo se fue volviendo más loco, crecieron más intrépidos, más sabiondos o inventores que construyeron peores teorías, y el planeta enloqueció del todo, dejó de tener forma, de tener sentido, de poseer sabiduría y se quedó con teorías.
Y fue así como la mitología se quedó con el de arriba donde viven las palabras y los gestos... y los demás nos quedamos acá abajo unos inventando más y otros tratando de descifrar para donde se fue la verdad... para dónde se llevaron al de arriba y qué pasó con la gestualidad de la tierra cuando permite que el sol, la luna y ella se vuelvan solo uno.
Y aquí queda inscrita la mitología del olvido y la cadena interminable de un pueblo que olvidó su historia por querer quedarse con las teorías.
Ninguis
No hay comentarios:
Publicar un comentario