Cuando acababa de sentarse a mirar el Planeta, vio a muchos en ventanas y balcones observándola con aparatos extraños.
Escuchó que hablaban de un fenómeno hermoso, del rostro que se veía en su centro, que los cráteres la hacían parecer a un enorme trozo redondo de queso, que su luz y su reflejo no eran comparables con ninguno.
Asustada y confundida, miró tras ella para ver a qué se referían, pero detrás no había nada: ni destellos, ni pedazos de queso, ni rostros, ni nada...
¿Sería que veían visiones?, ¿Tendría que revisarse los ojos por no poder admirar lo que otros tenían frente a ellos?
Después de varios días de observación y melancolía - y luego de creer que su depresión se debía a que atravesaba por esa fecha mensual en la que todo la hacía más susceptible y se tornaba redonda e hinchada -, descubrió que para el Planeta, cada mes, esos días de la Luna son su mayor realización y que lo triste, para ella, es no poder verse porque no tiene un espejo de su tamaño ubicado justo donde está la tierra.
Un abrazo lleno de amor y de amistad,
Ninguis
1 comentario:
Todo fin es el principio.
El último -como dijo Epicuro- no existe mientras estoy aquí y, ¿cuándo ya no esté? Existe, pero...
Un abrazo,
Iván Rodrigo.
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