Y así era, simplemente eso... una canas que inspiraban respeto, vida, alegría, sentimiento y existencia; sonidos que se malinterpretaban porque, algunas veces... cuando todo estaba en silencio, el sapito cantaba para robarle a todos una sonrisa en medio del cansancio de la noche.
Un sapito con canas que sin que los demás lo percibieran se dejaba ver entre las multitudes de lo social.
Ninguis.
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