Hay ecos que no parecen voces propias ni de la conciencia sino más bien de aquellos momentos etéreos que se van calando en la memoria y traen imágenes que enfrascan el sonido y lo dejan rebotando entre hueso y hueso.
Y la sordera, intencional o accidental, heredada, genética o consecuente, pero al fin y al cabo sordera.. que llena de ruidos la cabeza y que mientras te miran tan normal sientes cómo traquea cada pensamiento entre el tímpano y las neuronas...
Un dolor de cabeza que se convierte en migraña, de esas que no dejan ver, de esas que pasan un destello que impide ver de lejos... una miopía recurrente.
Y la revisión, exhaustiva... el diagnóstico... quién sabe... lo único cierto es que cada día se va más, se percibe menos... y tal vez... un audífono... pequeño... moderno... que espante el miedo de ver a otros modular pero no tener ni idea de lo que dicen.
Y la incomodidad del cuerpo... porque es un desequilibrio somatizado en la inestabilidad al caminar, al estar de pie...
Y mientras tanto, acá, en el silencio abrumador de un domingo... un descanso que cansa por los sonidos que ni siquiera te dejan dormir porque sientes que la cabeza se desbarata por dentro...
¿Físico, biológico, orgánico... espiritual...?
Es mejor cambiar un rato de canal, una película de suspenso que por lo menos tiene subtítulos y para eso ya se tienen las gafas...
Un abrazo,
Ninguis
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