Y andaba por esta ciudad, un curioso lugar que cada día se hace más extraño y que por ahora la disfrazan de traje de luces, pólvora, empanadas bailables, sancochos post-rumba decembrina, promesas de fin de año… primas pagadas para los aguinaldos, primas robadas para los regalos del 24 y un sin fin de historias que hacen de este valle un sitio de lágrimas - unas de alegría, otras de rabia, otras de dolor, otras de perdón, otras de alcohol, otras de soledad, otras de quién sabe qué mas historias que llevan cada uno de sus protagonistas muy guardadas en el fondo del armario que hay en el cuarto de san alejo del corazón-.
Y seguía andando por esta ciudad, un espacio lleno de gente… o por lo menos de individuos… que llevaban sus afanes, que demandaban sus ausencias, que reclamaban sus presencias. Uno y otro, unos con otros, unos sin otros. Así era la suma indefinida de caracteres que recopilaban las historias que seguramente muchos escritores plasmarán, unos en noticias, otros en reportajes, otros en alguna que otra carta secreta que confiese la ausencia, que grite la necesidad de vos o LA NECESIDAD DE VOZ.
Y en esta andanza… por calles que se embellecen con el gris de un asfalto nuevo… miraba, oía… callaba… recopilaba las historias, recopilaba los datos… desechaba tanta mierda que se habla… tanta tierra que se traga entera… tanta ilusión óptica que me ofrece el desierto de este Valle.
Y se asoma el reflejo de quienes se llenan la boca con un mundo maravilloso pintado para quien sufre… pero de ahí a cuando se cae… los brazos no aparecen para soportar y no caer al abismo. Los psiquiatras dicen que eso se arregla fácil… una dosis adicional de xanax y un poco más de paciencia. Jajaja, paciencia sólo la ha tenido esta ciudad para soportar tanto peso que camina sobre sus calles, sobre sus andenes…
Arquitectura urbana inspirada en ideas extranjeras… construcción rural que se inventan los ilustres para seguirte ofreciendo ilusiones en medio del desierto de asfalto.
Y acá sigo… caminando, no sé hasta cuando… lo triste es que en esta historia no quedarán huellas grabadas en la arena… y mucho menos las borrará el mar.
Un beso,
Ninguis
1 comentario:
Y esas calles que recorrimos, tanto asfalto que tragamos en dos ruedas, tanto humo -del bueno y del malo- k nos llenó la vida de tantas cosas. Tantas...
Lestat
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