Querido Niño Dios:
Hoy quisiera escribirte unas cuantas cosas que llevo en el alma y que me atrevo a pedirte como regalo para esta navidad. Sé que soy ya una adulta y que los años que he recorrido en este planeta me han dado experiencias muy enriquecedoras aunque no todas hayan sido placenteras. También soy consciente de que por esta época tienes muchas peticiones y que tu atención se demanda a cada momento justo en estos días.
Antes de empezar quiero darte las gracias por cada uno de los amaneceres que he podido sentir en esta vida, por todos y cada uno de los instantes que conforman las horas que recorren mis días y por los hermosos atardeceres que he contemplado cerca a quienes amo y llevo en mi corazón.
Y es sobre esto que quisiera hablarte esta noche, mi pedido no es material aunque no te niego que las cosas que nos facilitan la existencia llenan de comodidad el recorrido de este viaje; pero mi solicitud es más que nada espiritual.
Te contaré:
Desde hace ya muchos años he venido comprendiendo que crecer como ser humano no es sumarle años a la cuenta irreversible de la vida, sino más bien es tener cada vez mayor comprensión sobre lo simple y sencillo de la vida, es desarrollar nuestra capacidad de entender a los demás y respetar su individualidad y su sello personal de existencia, es permitirle a los otros caminar al ritmo y por el rumbo que decidan.
He venido aprendiendo que existir es sentir, que compartir es respetar, que amar es perdonar, que tener es ceder, que vibrar es observar, que respirar es llenar el alma de razones para seguir saboreando el aire de este cielo llamado tierra.
Reconozco que las décadas que llevo caminando este sendero son pocas para lo mucho que otros ya llevan escrito en su diario de existencia, pero entiendo también que cada una de las páginas de mi libro podrán ser leídas y narradas en un futuro por los que queden después de mí. Y es en este punto donde a veces me cuestiono por qué será que en ocasiones nos olvidamos del verdadero sentido de llegar, permanecer y partir.
Me he dado cuenta que celebramos las llegadas de nuevos seres a este planeta, que nos alegramos por las nuevas uniones, que deseamos los mejores resultados para quienes emprenden viajes por alcanzar sus sueños, que lloramos las pérdidas, que lamentamos los tropiezos, que nos quejamos por las pruebas que nosotros mismos decidimos afrontar pero para las cuales ni siquiera nos entregamos con toda la confianza y seguridad en lograrlas.
He sentido en carne propia que la mayoría de las veces nos quejamos de la soledad y del desamor pero no observamos que somos los gestores de tales situaciones, que a cada paso que damos le ponemos los “pero” y renunciamos a toda posibilidad de obtener satisfacciones porque nos creímos el cuento del sacrificio y el dolor como camino para alcanzar algún día la felicidad plena.
Somos tan inconsistentes en nuestras obras de vida que por lo general afirmamos con plena seguridad que “amigos no hay” y eso nos declara a nosotros mismos como enemigos de los que nos rodean. Creemos que apoyarnos es dejarle el peso a los otros para que así aprendan lo duro que es vivir y luego tenemos la osadía de decirles… ese sufrimiento es bueno porque te fortalece y te hace crecer y quién crece cuando las cargas propias y ajenas hacen fuerza hacia el piso para evitar que nos levantemos.
Quién dijo que el alma es un músculo que se desarrolla y se fortalece por entrenarse diariamente por cargar toneladas de problemas y conflictos que vamos guardando en el maletín de historias para contar. Por qué razón tenemos que esperar conocer la oscuridad profunda para así diferenciarla con la luz… y mucho menos qué hace que tengamos que empeñarnos en estar solos y dejar de lado a quienes de verdad están caminando a nuestro lado.
Hoy querido Niño quisiera hacerte unos pedidos muy especiales y la verdad no son sólo para mí, son para los seres que amo y con los que he escrito cada una de las letras que conforman una historia infinitamente encantadora pero que sé que podría ser mucho mejor.
En primer lugar quisiera pedirte paciencia, mucha paciencia, entendida como la capacidad de que mi alma no se sulfure por las actitudes y comportamientos de los que amo, al igual que también te la pido para ellos, para que puedan sentir la paz justo cuando a ratos se me olvide que debo respetarlos y que ellos también a mí.
Unido a esto, quisiera también que desde ahora tu luz guíe nuestros sentidos para ser tolerantes y respetuosos con las opciones de vida que nos llevan a formar la historia particular y familiar; que aprendamos a acompañarnos en el camino y que dejemos de pretender que los otros tomen el rumbo que para nosotros es el mejor.
Que aprendamos a confiar en nosotros mismos y en quienes tienen la llave de nuestro corazón, que no robemos la paz de los demás con un mal gesto, una respuesta impulsiva o un rechazo rotundo a su posibilidad de ser ellos mismos.
Que pensemos en nosotros pero sin ser tan extremistas hasta el punto de imponerle a los demás un tiempo de espera para ellos mientras nosotros alcanzamos la felicidad, el éxito o la realización personal.
Que no se nos olvide que familia no es sinónimo de obligaciones socioeconómicas solamente, sino que se basa en el compartir y el entregar, pero también en recibir y agradecer porque al fin y al cabo nadie tiene obligaciones con los otros… vinimos a esta tierra a vivir una existencia y a hacernos responsables de ella, no a cargarle a otros la responsabilidad de hacernos felices.
Me gustaría también tener la posibilidad de ver la sonrisa en la mirada de sus almas y no el frío del hierro con el que nos protegemos tras la muralla que inventamos para que no nos lastimen. Quisiera que la opción del dinero sea una posibilidad para lograr bienestar, pero no que el bienestar dependa de la cantidad de ingresos que se tengan al mes.
Que comer en familia sea la opción para alegrarnos por el reencuentro, pero no que se convierta en la comidilla de los errores, tropiezos y equivocaciones de uno que otro. Que podamos regresar al estado natural del espíritu, ese que tu conservas a pesar de los miles de años que llevas en tu historia; que ese pequeño que fuimos hace años no se pierda a pesar de la cronología del tiempo a través de nuestro cuerpo.
Que la mirada se deslumbre por los pequeños detalles, que las palabras salgan como gotas de agua y no como avalanchas que destruyen todo a su paso; que unirnos no sea compromiso, sino que el compromiso sea la sinceridad del amor cuando decidimos recorrer la existencia con otros.
Danos también la humildad para reconocer que los otros también pueden ser felices a través de logros que nosotros alguna vez no quisimos obtener. La humildad para reconocer lo valiosos que somos y lo incomparables que son los demás.
Concédenos la oportunidad de ver más allá de lo evidente, de valorar lo sencillo, de retomar el amor y abandonar el resentimiento, de permitirnos amar como tú nos amas a nosotros; concédenos la fortaleza para pedir perdón por aquellas situaciones en las que fuimos desleales y vendimos nuestras prioridades al mejor postor.
Que tu amor sincero y desinteresado sea el faro de luz que guíe nuestra marcha porque la verdad es que a veces nos dejamos llevar por los apegos y los hábitos y dejamos de reconocer la verdad y dimensión de las cosas nuevas y oportunas por la costumbre cómoda de permanecer junto a quienes no nos corresponde.
Por último, quisiera pedirte la capacidad de sentir esta vida al máximo y de aprender que cada día se siente diferente pero que debe llevarse en la piel, respirarse con el alma y grabarse en la memoria, no para lamentarse sino para simplificar la existencia al principio fundamental de este viaje por el planeta: BUSCAR SER FELICES A PESAR DE LAS CIRCUNSTANCIAS.
Ah, y lo más importante, que aprenda a ser yo, sabiendo que cada uno de quienes crecen conmigo también quieren ser ellos mismos y ser felices; y que jamás olvidemos que esta vida no es un ratico sino la suma de millones de segundos que conformarán los minutos de unas largas horas de realización personal y familiar y que familia no es un apellido o dos, sino la capacidad de ser uno en todos y todos en cada uno, que no es sangre sino espíritu, que no es por nombre sino por existencia.
Ninguis
2 comentarios:
Para reflexionar. Nómada
Y reflexionar...
Ninguis
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